miércoles, 13 de mayo de 2009

Comenzamos de nuevo

Tenía miedo, porque nunca había sentido aquello. Llegaba a temblar con solo pensar que podía perderla. Tenía miedo de que la espera fuese eterna. No podía siquiera recordar como aconteció todo. Y Allí estaba ella, agonizando, sin mostrar señales de querer avanzar.

Se sentó en la sala de espera, trató de calmarse, la gente le hablaba, sin embargo solo oía dos cosas: un grito y un golpe. Pensaba que cómo una simple broma estaba acabando con la vida de su amada y, a la vez, con la de él mismo. Tantos sueños, tantas esperanzas, tanto futuro proyectado juntos, destrozados (o casi) por un simple juego, trágico juego. Recordó cuando se conocieron. A pesar de vivir siempre cerca, solo llegaron a conocerse de grandes, hombre y mujer ya hechos (o casi hechos). Dos vidas que se juntaron alegremente en un largo camino, en el que habían decidido caminar juntos y terminarlo de la misma manera, superar todos esos obstáculos indeseados que seguramente la vida les pondría a diario, o semanalmente, o mensualmente, o una combinación de ellas. La primera vez que la vio, le llamaron profundamente la atención sus labios, lindos, carnosos. Imaginó lo bien que besarían (lo que unos días mas tarde comprobó). A ella le encantó, como siempre, mas romántica que él, supo que sería el hombre de su vida (lo que también con el tiempo comenzó a comprobar). Hablaron de muchas cosas, se rieron. Octavio recordaba con alegría cada uno de los movimientos que en ella veía. También recordó su primer beso, escondido, con algo de picardía, pero sobre todo con mucho amor, de ese amor que ni ellos mismos se daban cuenta que comenzaban a sentir. De ese amor con pasión y ternura, del que pocos saben y muchos quisieran saber. Al poco tiempo ya eran una pareja establecida y se sentían muy orgullosos de eso. Soñaban juntos, en el antejardín de la casa de Graciela, un mundo juntos, desde un matrimonio lujoso pero muy caro, hasta uno humilde (para abaratar costos) pero con mucho amor.

Octavio recordó sus primeras vacaciones juntos, donde caminaron por la playa de la mano, durmieron cada noche juntos, hicieron el amor, con el mayor amor posible, donde el despertar era cada vez mas maravillo al verse los rostros y saludarse con un beso de “buenos días amor”.
Hasta recordó sus primeras peleas, las que luego de darse cuenta que peleaban por bobadas se besaban y se decían cuanto se amaban y hasta se pedían disculpas por ser tan tontos. Todo eso recordaba cuando una voz imponente interrumpió sus pensamientos, era alguien joven, vestido de blanco, con un librito en la mano, cara de preocupación, preguntando por los padres de Graciela: “¿Quienes son los padres de Graciela?”, “nosotros” el joven les pidió que los siguiera, pues les comentaba tenía que darles una noticia delicada. Octavio sintió desesperación, intentó seguirlos pero el joven médico con un gesto le dio entender que el debía esperar en la sala. Esperar, lo que lo mataba, esperar, lo que estaba haciendo hace horas sin tener una respuesta positiva.

De un momento a otro, todo se volvió gritos, estaba entrando un tumulto de gente, dos heridos. “ Es un esquizofrénico, está enfermo, necesita ser tratado” decía una señora gorda, muy gorda, a lo que otra muy delgada y distinguida (aparentemente) le respondía “no es mas que un asesino, bien merecida tiene esa bala que le llegó”. Todo se volvía tenso. El sistema nervioso de Octavio no aguantaba ni un segundo mas, necesitaba relajarse, encontrar una respuesta que le aliviara el alma, pero cada segundo que pasaba todo se ponía más negro. Sus pensamientos dejaban de ser positivos y se hundían en un barranco que, seguramente, lo llevaría a una locura, al menos temporal.

Vio acercarse a dos personas que no distinguió bien por las lágrimas que inundaban sus ojos. Al frotárselos vio que eran los padres de Graciela, quienes con lágrimas en los ojos, y una voz quebrada le tomaron las manos, lo hicieron levantarse y le pidieron que los acompañasen, pues tenían que decirle algo muy importante.

BLK

Creo que es el momento justo de romper algunas cadenas. Pago una fianza y quedo en libertad condicional. Solo el tiempo dirá hasta cuando. Hasta que sea necesario.