martes, 10 de febrero de 2009

Ciclo: ven a mi, para apartarte de mi.

Graciela limpiaba tranquilamente sus cuadros, los miraba con atención, veía en ellos un mundo lleno de esperanzas acabadas, pero no sufridas, si no aprendidas. Conservaba cada uno de sus grandes momentos (no necesariamente buenos) en ellos. Le sorprendía darse cuenta lo cambiada que estaba desde el primero que adquirió y como la mirada en ellos se transformaba cada vez mas madura. Pensaba que quizás por la observación adecuada durante un largo periodo la había hecho crecer, madurar, entender la vida, entender su vida y quererse. Se lo transmitía a sus cuadros y a su entorno. De pronto se percató que estaba sola en la casa, su madre había salido (nada de raro) y le dió miedo. Sintió miedo de esa soledad que la había invadido muchas veces durante toda su vida, hasta que conoció a Octavio. Caminó por el living, teniendo cuidado de no tropezar con esa mesa de centro, con la que a menudo tropezaba cuando se levantaba hace años (antes de conocer a Octavio) a media noche, mientras sus padres dormían; buscaba en la oscuridad de esa sala una explicación, unas respuestas, las que rara vez llegaban. No tropezó esta vez con aquella mesa, la cual es apoyo y base de muchas figuras, que los días martes limpiaba. Una a una las tomaba, observaba y sacudía el polvo que las envolvía durante todos los demás días de la semana. Luego de salir del living, se encontró con el comedor. Se dio cuenta que justo al medio de la mesa había un paño, de esos paños que les gusta a las madres poner en las mesas, tejido por alguna viejita afanada, con bellas formas y que realzaban el color de la mesa. Intentó recordar desde cuando estaba ese paño ahí. No alcanzó a recordar o tal vez no quiso hacerlo o simplemente siempre estuvo ahí. Se dirigió a la cocina tomó una manzana y un cuchillo para pelarla, salió hacia el patio y se encontró con la puerta abierta. "que raro" pensó, “quizás mi madre al salir la ha dejado abierta, que descuidada! La retaré a su regreso”. Se dio vuelta, atravesó la puerta de regreso a la cocina, sintió que el mundo se le vino encima y cayó. De su cabeza fluía sangre sin parar. En su estómago, un clavado cuchillo no la dejaba respirar. Sintió que era su fin, que iría donde alguna vez soñó.

Octavio miraba la hora parado en una esquina, esperando a su suegra, a la cual divisó casi con dos cuadras de distancia. Ella estaba atrasada. Llegó a su lado apresurada le dijo “hijo, váyase rápido a la casa, Graciela está sola y la vi. rara. Dejé la puerta de atrás entreabierta para que le dé una sorpresa, se pondrá feliz, lo sé, porque la conozco. Yo tengo que ir a comprar algunas cosas que nos hace falta para la gran fiesta, vuelvo pronto, pórtense bien”. Octavio, apresurado y con el corazón latiendo a mil, corrió hasta la casa, entro despacio y para no hacer ruido, dejó de igual forma la puerta entreabierta. Se dirigió a la cocina. Justo en el momento en que entraba sintió unos pasos “Graciela debe ser”. Se escondió bajo una mesa de la cual colgaba un gran mantel (escondite preciso) y esperó. Vio los pies de Graciela al salir de la cocina, sintió que cerró la puerta. Se percató que ella se devolvió y cuando entraba a la cocina nuevamente, la tomó de un pié, gritándole “no te muevas o te mato!” con una voz ronca y tergiversada. Ella intentó arrancar, pero no pudo. Por el contrario cayó, se golpeó la cabeza en la esquina de la mesa, el cuchillo cayó bajo ella y ella sobre el, justo por la punta, clavándola en el estómago.

La desesperación de Octavio no podría haber sido más grande. Palabras de “perdón”, “era una broma”, “solo te quería sorprender”, “perdón” nuevamente, eran muy recurrentes. Corrió al teléfono, estaba cortado. Buscó su celular, se le había quedado en la casa. Pidió ayuda, nadie lo escuchó. Se prometía a si mismo que no se lo perdonaría, que se castigaría hasta sentir que su culpa estaba expiada. No quería perder a su amor. La tomó en sus brazos y corrió hasta algún lugar, donde el socorro pudiera ser real.

-Octavio y Graciela-

BLK

Clamor: perdón por dejarte escapar. Es necesario. Es mi castigo. Es mi culpa. Es mi decisión. Fue lindo y completo, aunque no cabal. Hasta algún día, si es que llega (y vuelves). BLK

miércoles, 4 de febrero de 2009

Suspiro (pequeño)

"Alcancé a imaginar:
que
caminaba
y dentro
del mar"


BLK